Algo de Music
Informe GPS Alcoholismo
"Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos
deseos lo arrastran y seducen." Santiago 1:14 (NVI)
Cuenta la mitología griega que el gran Ulises, se acercaba con su
barco a la zona donde las sirenas encantaban con su canto. Ningún
ser humano había resistido su llamado, y había regresado para contar
lo que había visto. Todos los marineros sabían que el canto de las
sirenas, aunque era el canto más dulce, bello y sensual de la
tierra, provocaba la muerte. Por eso evitaban escucharlo. Las
sirenas eran animales mitológicos que encantaban a los seres humanos
con su canto, para luego devorarlos.
Pero Ulises quería escuchar, así que les pidió a los marineros que
lo ataran con absoluta fuerza al palo mayor del barco. Mientras
todos los marines se ponían cera en los oídos para no escuchar el
canto de las sirenas, Ulises esperó atado. Cuando finalmente las
sirenas comenzaron a cantar, Ulises quiso desesperadamente ir a su
encuentro, pero no pudo desatar las sogas que lo ataban al palo
mayor. Casi enloquece de deseo por buscar las sirenas, y cuanto más
luchaba por desatarse, tanto más fuerte los marinos lo aferraban al
palo mayor.
Finalmente, las sirenas frustradas dejaron de cantar, el barco llegó
a destino y Ulises fue desatado. Había escuchado y había
sobrevivido, gracias a las sogas que lo habían dejado inmóvil en el
barco.
Hoy no tenemos sirenas mitológicas ni animales que desean
encantarnos para devorarnos, pero el diablo sigue trabajando de la
misma manera. La tentación es ese canto de las sirenas que trata de
seducirnos, que nos invita al placer, que nos llama a la
gratificación. Es un dulce y seductor canto pero al igual que aquel
canto mitológico, solo produce muerte. Y esto no es una novedad. No
somos ingenuos ni ignoramos que el diablo quiere seducirnos para
hacernos pecar y alejarnos de la comunión con Dios.
Sin embargo, creemos igual que Ulises que podemos resistir el
encanto de las sirenas y nos arriesgamos a escuchar. En lugar de
poner cera en nuestros oídos u ojos para evitar la tentación, somos
permeables a sus encantos, y reiteradas veces caemos sin
atenuantes. Cada uno sabe bien cual es el canto que más le seduce, y
donde está más débil. Hoy Santiago nos desafía a que aprendamos a no
escuchar, a decir que no. ¡Que tengas un año Santo!
REFLEXIÓN - ¡Ojo con el canto de las sirenas!
SALUDOS.... MAX &Noe
deseos lo arrastran y seducen." Santiago 1:14 (NVI)
Cuenta la mitología griega que el gran Ulises, se acercaba con su
barco a la zona donde las sirenas encantaban con su canto. Ningún
ser humano había resistido su llamado, y había regresado para contar
lo que había visto. Todos los marineros sabían que el canto de las
sirenas, aunque era el canto más dulce, bello y sensual de la
tierra, provocaba la muerte. Por eso evitaban escucharlo. Las
sirenas eran animales mitológicos que encantaban a los seres humanos
con su canto, para luego devorarlos.
Pero Ulises quería escuchar, así que les pidió a los marineros que
lo ataran con absoluta fuerza al palo mayor del barco. Mientras
todos los marines se ponían cera en los oídos para no escuchar el
canto de las sirenas, Ulises esperó atado. Cuando finalmente las
sirenas comenzaron a cantar, Ulises quiso desesperadamente ir a su
encuentro, pero no pudo desatar las sogas que lo ataban al palo
mayor. Casi enloquece de deseo por buscar las sirenas, y cuanto más
luchaba por desatarse, tanto más fuerte los marinos lo aferraban al
palo mayor.
Finalmente, las sirenas frustradas dejaron de cantar, el barco llegó
a destino y Ulises fue desatado. Había escuchado y había
sobrevivido, gracias a las sogas que lo habían dejado inmóvil en el
barco.
Hoy no tenemos sirenas mitológicas ni animales que desean
encantarnos para devorarnos, pero el diablo sigue trabajando de la
misma manera. La tentación es ese canto de las sirenas que trata de
seducirnos, que nos invita al placer, que nos llama a la
gratificación. Es un dulce y seductor canto pero al igual que aquel
canto mitológico, solo produce muerte. Y esto no es una novedad. No
somos ingenuos ni ignoramos que el diablo quiere seducirnos para
hacernos pecar y alejarnos de la comunión con Dios.
Sin embargo, creemos igual que Ulises que podemos resistir el
encanto de las sirenas y nos arriesgamos a escuchar. En lugar de
poner cera en nuestros oídos u ojos para evitar la tentación, somos
permeables a sus encantos, y reiteradas veces caemos sin
atenuantes. Cada uno sabe bien cual es el canto que más le seduce, y
donde está más débil. Hoy Santiago nos desafía a que aprendamos a no
escuchar, a decir que no. ¡Que tengas un año Santo!
REFLEXIÓN - ¡Ojo con el canto de las sirenas!
SALUDOS.... MAX &Noe
0 Responses
Publicar un comentario
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

