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"El temor del Señor multiplica los días, más los años de los impíos
serán acortados." Proverbios 10:27 (RV 60)
Se acabó el año. Es tiempo de cerrar balances y hacer las cuentas,
de ajustar los presupuestos, de revisar las tareas pendientes, de
hacer evaluaciones. Estamos todos esperando el nuevo año, nos
cruzamos saludos esperanzados y nos deseamos lo mejor para el 2009.
Anhelamos paz, bienestar, salud, prosperidad.
Miles de mensajitos, cientos de mails, llamados telefónicos a los
conocidos y amigos para desearles un muy feliz 2009, augurios de
felicidad y esperanza. Pero la realidad muestra que cuando las
fiestas pasan, la vida continua igual, no hay cambios. Más allá de
la buena comida del 31 a la noche, de alguna fiesta que tengamos o
de los amigos que visitemos, el año nuevo no trae nada nuevo. Es
solo más de lo mismo. No cambia demasiado nuestra realidad por
cambiar de almanaque.
Los problemas no mejoran por cambiar de año. Todos los augurios de
esperanza se ven frustrados y los buenos deseos quedan solamente en
eso, en buenos deseos. Pero no se pueden llevar a la práctica.
Comenzamos el 2009 con la misma falta de paz, de bienestar, de
salud o de prosperidad con la que terminamos el 2008. Nada cambia,
excepto en la realidad de Dios.
Ya lo sabía Salomón hace tantos años. Dios hace la diferencia.
Porque Él puede multiplicar los días de aquellos que lo respetan. No
es una multiplicació n de días malos o negativos. Porque sería
trágico tener más días en el hospital, o más días con dolor de
muela. En la mirada del predicador, aquellos que temen a Dios, van a
poder disfrutar de más días de satisfacción y realización. En
contraposició n a esta afirmación, Dios acortará los días de disfrute
de aquellos que son impíos.
Esto parece una utopía de las películas de Disney, donde los malos
siempre reciben en castigo y los buenos recompensas. Pero la promesa
de Dios no es una utopía. Es una realidad que puede verse en
aquellos que de verdad le temen.
No es simplemente un deseo de felicidad, es una afirmación. Aquellos
que temen a Dios, podrán disfrutar de un 2009, pleno de realización.
No estará libre de problemas, pero tendrán la paz, el consuelo y el
cuidado de Dios. Podés tener un año feliz, depende que temas a Dios.
REFLEXIÓN - Para que sea un feliz 2009, temé a Dios.
Bendiciones....a pensar!!! Noe & Max
serán acortados." Proverbios 10:27 (RV 60)
Se acabó el año. Es tiempo de cerrar balances y hacer las cuentas,
de ajustar los presupuestos, de revisar las tareas pendientes, de
hacer evaluaciones. Estamos todos esperando el nuevo año, nos
cruzamos saludos esperanzados y nos deseamos lo mejor para el 2009.
Anhelamos paz, bienestar, salud, prosperidad.
Miles de mensajitos, cientos de mails, llamados telefónicos a los
conocidos y amigos para desearles un muy feliz 2009, augurios de
felicidad y esperanza. Pero la realidad muestra que cuando las
fiestas pasan, la vida continua igual, no hay cambios. Más allá de
la buena comida del 31 a la noche, de alguna fiesta que tengamos o
de los amigos que visitemos, el año nuevo no trae nada nuevo. Es
solo más de lo mismo. No cambia demasiado nuestra realidad por
cambiar de almanaque.
Los problemas no mejoran por cambiar de año. Todos los augurios de
esperanza se ven frustrados y los buenos deseos quedan solamente en
eso, en buenos deseos. Pero no se pueden llevar a la práctica.
Comenzamos el 2009 con la misma falta de paz, de bienestar, de
salud o de prosperidad con la que terminamos el 2008. Nada cambia,
excepto en la realidad de Dios.
Ya lo sabía Salomón hace tantos años. Dios hace la diferencia.
Porque Él puede multiplicar los días de aquellos que lo respetan. No
es una multiplicació n de días malos o negativos. Porque sería
trágico tener más días en el hospital, o más días con dolor de
muela. En la mirada del predicador, aquellos que temen a Dios, van a
poder disfrutar de más días de satisfacción y realización. En
contraposició n a esta afirmación, Dios acortará los días de disfrute
de aquellos que son impíos.
Esto parece una utopía de las películas de Disney, donde los malos
siempre reciben en castigo y los buenos recompensas. Pero la promesa
de Dios no es una utopía. Es una realidad que puede verse en
aquellos que de verdad le temen.
No es simplemente un deseo de felicidad, es una afirmación. Aquellos
que temen a Dios, podrán disfrutar de un 2009, pleno de realización.
No estará libre de problemas, pero tendrán la paz, el consuelo y el
cuidado de Dios. Podés tener un año feliz, depende que temas a Dios.
REFLEXIÓN - Para que sea un feliz 2009, temé a Dios.
Bendiciones....a pensar!!! Noe & Max
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