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Abatido???

“A Dios elevo mi voz suplicante; a Dios elevo mi voz para que me escuche”. Salmos 77.1
El salmo 77 fue escrito por David en un momento en el que sus sentimientos y emociones eran consecuencia del abatimiento y del agotamiento al enfrentar la vida diaria, una vida que estaba llena de sinsabores en ocasiones, o de apatía y rutina en otros momentos.
Buen número de tales sentimientos  y emociones afloran en el pasaje. Vemos que David:
·      Clamaba a Dios voz en cuello;
·      Alzaba sus manos de noche, sin descanso;
·      Rehusaba todo consuelo;
·      Se quejaba,
·      Se desmayaba su espíritu (manifestaba depresión);
·      No dormía;
·      Estaba quebrantado y no hablaba;
·      Repasaba una y otra vez mentalmente su condición.
Estas emociones experimentadas por David no las tuvo él en exclusiva. Son comúnes a todo ser humano, en cualquier época de la historia, que atraviese por serios problemas.
Desde el versículo 7 hasta el versículo 9, David se hace una serie de preguntas que dan pie a algunas personas a pensar que quizá el ungido del Señor le estaba echando la culpa a Dios de la situación por la que atravesaba:
·      ¿Será que Dios me va a desechar y no se va a acordar más de mí?
·      ¿Se acabó su misericordia?
·      ¿Se acabaron sus promesas?
·      ¿Encerró con ira sus piedades?
·      ¿Se le olvidó a Dios tener misericordia?
Cuando permitimos que el abatimiento nos impulse a mirar el polvo y el fango de los problemas, dejamos de ver a Dios como es en realidad.
Quizás te sientas solo, pero no lo estás. El está contigo. Dios no te dejará.
Confía en eso. Es una táctica común del enemigo hacernos sentir solos en este mundo y cegarnos para que no podamos ver la presencia de Dios. Ora a Dios hoy y pide que tu fe pueda ver siempre en medio de la oscuridad.
Slds.

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    por: Elisabeth Fernández Volpe.