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La virginidad es un antivalor en la actualidad. Dios nos manda a ser contracultura en medio de una sociedad que ha endiosado el sexo libre. La pureza moral y sexual son esenciales para mantenerse leales a Dios. Las normas divinas no admiten compromisos con las del mundo.
La Biblia refiere del tema en el capítulo 22 de Deuteronomio. Si un hombre tomaba la virginidad de una mujer, tendría que cuidarla de por vida (Dt 22:19;28-29). Si una mujer daba su virginidad fuera del matrimonio, debía morir (Dt 22:20). No hay duda de que la virginidad es algo serio para Dios.
Si alguien probaba que una mujer había perdido su virginidad antes del matrimonio, su esposo podía hacer anular el matrimonio y ella era apedreada hasta morir (Dt 22:20-21).
Si el esposo acusaba falsamente a su novio de no haber sido virgen al momento del matrimonio era castigado severamente. Primero, el hombre era reprendido y azotado públicamente. Segundo, debía pagar a los padres de la novia una multa por haber levantado una acusación falsa contra su hija. Tercero, debía mantener el matrimonio sin tener alguna oportunidad posterior de divorciarse (Dt 22: 13-19).
Dios espero que tanto hombres como mujeres sean vírgenes cuando se casen. La sexualidad debe ser ejercida con responsabilidad y en el tiempo establecido por Dios, es decir en el matrimonio. La virginidad es un privilegio hermoso en la vida, que debe ser entregado a la persona más maravillosa (el cónyuge), en la noche más espectacular de la vida (la noche de bodas). La virginidad es un asunto que solo ocurre una vez y que sólo una vez podrá ser dada. ¡Valora la virginidad: no te avergüences de ella!
Tomado del libro “De Eso no Se Habla" ,de José Luis y Silvia Cinalli.
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